
Llegué allí con ganas de empaparme no sólo de agua sino de la ciudad en sí misma. Descubrir sus edificios, sus costumbres, sus gentes... Dejarme sorprender por todo ello.
El gris que me habían descrito distaba mucho de la realidad. Había muchísimo color por todas partes y la lluvia no conseguía emborronarlo.
Entré en el museo con mucha curiosidad pero también con la sensación de "no voy a enterarme de nada". Pero no fue así. Cada sala que mis pies recorrían, cada obra que mis ojos veían provocaba mil y un sentimientos en mí e incluso conectaba con mis recuerdos y con mis sueños. Y llegué a la conclusión de que abstracto no es sinónimo de ininteligible, simplemente es el reflejo de una dimensión más profunda.
Y, de repente, cuando mi visita tocaba a su fin, me vi sentada frente aquellos leds, llenos de palabras cargadas de sentimientos que aparentemente no tenían nada que ver unas con otras aunque realmente había una conexión entre todas ellas. Fue un momento extraño, era como estar visualizando la letra de una canción. Tal vez debería sentarme a escribirla...
