Es curioso como en un día he tenido que cambiar de rol. Hoy era yo la "experta" para mi compañera nueva. Creo que me había acostumbrado a ser la alumna obediente, dejando que fueran mis compis las que llevaran las riendas. Sí, tal vez, era una postura muy cómoda y necesitaba ese empujoncito "forzoso" para abrir mis alas y demostrarme a mi misma que puedo volar sola, creer que dentro de mi tengo todas las herramientas necesarias para poner en funcionamiento la maquinaria de la confianza y la seguridad en mi misma. Esa máquina que a veces pienso que se está oxidando con mis dudas e inseguridades... Y la mañana fue mejor de lo que esperaba, sinceramente.
Y la tarde, la mejoró. Hacía muchos días que estaba esperando oír esa voz que me habla de paisajes lejanos, de melodías desconocidas y al mismo tiempo de sensaciones cercanas, de las cosas sencillas del día a día; que me hace esbozar una sonrisa desde el primer instante que la escucho y que no se borra, al contrario: se perpetúa en el tiempo. He de reconocer que estoy algo asustada porque aunque todo va pasito a pasito sin saber muy bien hacia dónde, mi corazón se está acelerando por momentos y tengo miedo de construír castillos en el aire que se esfumen con el viento. Siempre he sentido ésto cuando a la otra persona la conocía o creía conocerla bien y estoy bastante desconcertada de que ahora me esté ocurriendo con alguien a quien estoy empezando a descubrir. ¿Será porque esta vez sí? No quiero pensar, sólo nadar en este nuevo mar y dejarme mecer por el susurro de su voz...