Era una noche mágica. Me sentía inundada de felicidad porque iba a ver como mi hermanito disfrutaba mostrando su gran pasión a los demás. Aunque dentro de mi corazón me sentía un poquito triste porque me faltaban personitas importantes compartiendo el momento...
Tenía la esperanza de que mi cafetero apareciera por allí, aunque no me voy a engañar: las posibilidades eran de una entre cientos de miles de millones y las estadísticas se cumplieron...
Aunque no lo eché de menos. Esa noche fuimos uno más. En la cena acabó sentado a mi lado y me llamó la atención su sonrisa tímida. No sé si fue el vino mezclado con la ilusión y la emoción por lo que íbamos a vivir, pero mi vergüenza infinita, que siempre me acompaña, comenzó a esfumarse...
Es curioso, porque normalmente no me pasa, tener tantas ganas de volver a ver a alguien de quien no sé nada pero al que me apetece descubrir. ¿Se estarán abriendo las puertas?
lunes, 9 de mayo de 2011
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
- cubodecolores
- Porque los senderos son sabios y las casualidades siempre tienen una razón de ser...
yo las oigo abrirse.Eso es buena señal.solo tienes que cruzarlas¡¡¡¡¡.
ResponderEliminar