sábado, 24 de octubre de 2009

Closed

Tenía la mente y el corazón llenos, como un río a punto de desbordarse. Era incapaz de seguir caminando pues el peso de su cuerpo y de su alma era demasiado grande para dar un paso más. Los pensamientos, las preocupaciones, la carrera contra el reloj, que no es que no se detuviera, sino que parecía que aumentara la velocidad por momentos, le decía que la partida estaba prácticamente perdida. Estaba tan saturado su interior que no le permitía avanzar. Era como estar en un cuarto oscuro, hermético donde no había ni una minúscula grieta que dejara atravesar la luz.

Necesitaba una tregua, aunque fuera un pequeño instante para dejar la carga a un lado y tomarse un tiempo para respirar, para oxigenar no sólo los pulmones sino el alma.

Tal vez estaba buscando la llave en el lugar equivocado. No la había perdido, simplemente no recordaba dónde la había dejado.

Pensó que la solución era sacar las cajas de cartón e ir depositando en ellas aquello que le aprisionaba, que no le dejaba el espacio suficiente y guardarlas en el trastero. Después, se sentó en el suelo de la habitación vacía, contemplando la luz que entraba por la ventana...

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Porque los senderos son sabios y las casualidades siempre tienen una razón de ser...