Parece que el verano llegó a su fin y septiembre ha entrado como un huracán removiendo todo a su paso y cambiando las cosas de lugar.
En el trabajo estaba relajada hasta ahora porque sabía que aquello que aún no dominaba otras personas lo podían hacer, pero el cambio de compañeras ha hecho que tenga que coger el toro por los cuernos antes de creerme que estaba preparada para ello. Tal vez esa sea la manera más rápida de asumir responsabilidades, de aprender y, sobretodo, de confiar en que soy capaz y extraer mi autoestima del subsuelo. El miedo y la inseguridad son mis constantes caballos de batalla...
Septiembre es mes de nuevos propósitos y en mi cabeza hay miles, pero todos liados entre sí y no sé por donde tirar del hilo para deshacer la madeja e ir tejiendo mi futuro inmediato.
Estoy intentando algo que me cuesta mucho: dejarme llevar y no pensar demasiado. Pero mi cabeza está acostumbrada a analizarlo todo y darle cien mil vueltas a las cosas cuando detecta que el corazón se anima a echar a volar, a saltar al vacío. Se me hace tremendamente raro que alguien esté interesado en conocerme pues no me considero demasiado interesante. Aunque he de confesar que tengo muchas ganas de seguir el juego, de lanzarme a la piscina y nadar, dejándome llevar por la corriente a nuevos mundos a ver qué pasa.
Y por último, estás tú, tan cerca y tan lejos al mismo tiempo. Al menos estos días vuelvo a ver la sonrisa en tu cara y eso me tranquiliza, aunque quisiera poder tener algo más que eso. Igual si me lanzo a la piscina, si me dejo fluír, no esté tan pendiente de tí porque sé que al final voy a terminar haciéndome daño...
No hay comentarios:
Publicar un comentario