Me duele ver que esa sonrisa que me cautivó desaparece por momentos de tu cara para dar paso al agobio. Pero aún me duele más no saber que hacer para que vuelva a aparecer. Te siento cada vez más lejos. Creí que me daría igual, que tal vez eso era lo mejor que podría ocurrir pero, como siempre, era mi eterno escudo para negar la realidad. Me encantaría darte un abrazo, decirte que estoy aquí si me necesitas, pero sé que no lo voy a hacer.
Tal vez sea mejor dejar las cosas como están y no pensar. Además, en estos momentos no sé si tengo la suficiente energía positiva para irradiar a los demás. El fantasma de los fracasos pasados aparece cada día ante mí en ese sótano, con esa fachada perfecta y que cada vez estoy más segura de que es sólo eso: fachada. Pero, aunque no me quiero dejar vencer, mi autoestima se vuelve chiquita por momentos y me da rabia, mucha rabia...
sábado, 4 de septiembre de 2010
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- cubodecolores
- Porque los senderos son sabios y las casualidades siempre tienen una razón de ser...
las palabras que no decimos no vuelven nunca a resonar en ningun sitio.A veces aunque cueste es necesario decirlo en voz alta y darle la energia que necesita para ser liberada.
ResponderEliminarsaltaaaaaaaa¡¡¡¡¡¡